martes, 30 de mayo de 2017

Oscuridad

Lo más temido


La oscuridad se tragó la luz. El mundo se convirtió en un lugar negro y frío. El cambio fue tan rápido como un cohete. Aún resonaban las últimas palabras de consuelo en sus oídos. Unas palabras que le ayudaban a calmar el creciente temor. ¿Pero durante cuánto tiempo? Con cada minuto que pasaba, la penumbra se hacía más y más pesada. Parecía caer sobre él como un cubo lleno de arena. Con cada segundo que transcurría el aire parecía irse más y más lejos. Y lo peor de todo: los ruidos. Ruidos más nítidos a cada milésima de segundo. Chasquidos. Fuertes alaridos. Golpes.

Los temblores no tardaron en dominar su cuerpo. O tal vez habían estado todo el tiempo y hasta ese momento no los había percibido. Cerró los ojos para dejar de escrutar la impenetrable oscuridad. Pero no encontró sosiego. Tras los párpados, su mente giraba y giraba. Un torbellino de horribles imágenes lo atormentaba. Monstruos surgiendo de la nada. Tentáculos. Manos blancas que trataban de agarrarlo… No podía más. Tenía que hacer algo… Sintió húmedas las mejillas, pero también las piernas. Tenía que salir de allí.

Retiró las sábanas y de un saltó bajó de la cama. Un trueno enmudeció el espantoso sonido del viento. Y un pequeño grito salió de su garganta. Sin pensar en nada más que en huir, con una extraña orientación, alcanzó la puerta. Antes siquiera de abrirla, ya gritaba presa del pánico: ¡MAMÁÁÁ!