¿Quién hay tras un disfraz?
—¡Na-vi-dad… Na-vi-dad… Dul-ce Na-vi-dad… La a-le-grí-a de es-te dí-a hay que ce-le-brar…!
Habría sido un divertido espectáculo, con el
que nuestro hijo se hubiese reído y pedido sus regalos sobre unas cálidas y
esperanzadoras rodillas. Y mi mujer y yo habríamos contemplado, llenos de
felicidad y ternura, cómo el chico presenciaba todo aquello con ojos brillantes
de ilusión.
Sí, habría sido maravilloso, si el hombre
disfrazado de Papá Noel que se había colado en casa no estuviera señalándonos con
cada sílaba del villancico, con la intención de elegir al primero en morir.
*Microrrelato escrito para el concurso navideño ''La cara oculta II'' de El Círculo de Escritores.
