miércoles, 3 de noviembre de 2021

No le dejes entrar

 Nunca se sabe quién hay detrás

Dedicado a C.G. Demian, quien siempre me anima a aporrear el teclado.

Sé que no debí dejarlo entrar.

Era un desconocido y, además, su estado presentaba una imagen nada encantadora. La piel pálida como la luna que colgaba del cielo nocturno sobre su cabeza redonda y sin pelo, ojos inyectados en sangre y labios tan rojos como esta; pero lo achaqué al accidente, y mi piedad apartó al miedo igual que un profesor apartaría de la pizarra a un alumno para enseñarle a resolver un problema. Porque eso es lo que contó: que su vehículo había perdido un neumático y necesitaba ayuda.

Ahora, tumbado en el suelo, recuerdo lo que me hizo comprender mi error. Lo que logró que el miedo se colocara de nuevo por delante de la piedad. La sonrisa que se formó en sus labios al atravesar uno de sus pies el umbral. La sonrisa y la expresión de los ojos, la misma de un depredador consciente de que su presa no tiene salida, el brillo del hambre que sabe que será saciada.

Ahora, en el suelo, bajo el peso del cuerpo de mi invitado, entre los últimos suspiros de vida que se escapan por mi yugular al tiempo que se adentran en otro organismo, sé que no debí dejarlo entrar.




8 comentarios:

  1. Un final que no esperaba, increíble intriga asta el final. Me a gustado.

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    1. Un placer que te haya sorprendido y gustado, compañero. Muchas gracias por leerlo y comentarlo.

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    1. Muchas gracias por la lectura y el comentario en el blog, Fran.
      Un abrazo.

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    1. Me alegra que te haya gustado, María. Gracias por pasarte por aquí.
      Un abrazo.

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    1. ¡Hola, Mamen! ¿Qué tal? Definitivamente, eres la lectora más fiel de este blog. Muchísimas gracias por estar siempre ahí, por leerme y dejar tu comentario.
      Un fuerte abrazo.

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