domingo, 14 de abril de 2013

Ilustraciones ''El Esclavo''


Tenía la mirada fija en las rejas. Cada vez que veía una sombra que tapaba la luz alzaba el palo y lo agarraba con más fuerza, […]
Al fin alguien se disponía a entrar. Se escuchaba el sonido del cerrojo al levantarse y seguidamente la puerta empezó a abrirse con un fuerte chirrido. Detrás de ella se veía una silueta oscura de cuerpo grande y anchos hombros.





[…] entraron a una habitación que tenía por el suelo marcas marrones de sangre seca y una columna de madera en medio.
Rodrigo, al ver aquello, se imaginó lo que le iban a hacer: le atarían a la columna dejando la espalda libre y le golpearían con un látigo hasta dejársela destrozada.
En efecto, como él había supuesto, el hombre le empujó hacia aquella columna y le ató las manos. El corpulento hombre cogió el látigo y dio con él en el suelo. El trepidante sonido hizo que Rodrigo cerrara los ojos de golpe y empezara a temblar.






La suerte le sonrió por un momento, pues colgado del cinturón había un pequeño cuchillo, dentro de una funda, que arrancó de un tirón.





El dulce olor a manzana hizo que Elisa abriera los ojos después de haber estado durmiendo casi dos días. [...]
Se encontraba encima de un montón de paja en el que ya había estado antes. [...]
Intentó de nuevo levantarse, pero Carla se lo impidió.
[...]
-Espera, tranquila. Toma una manzana, tienes que comer algo.
-Tienes razón, gracias.